sábado, 10 de noviembre de 2012

De Dibujar Y De Mirar





Es algo así como una intuición, 
una sensación intensa;
un poco dispersa, pero aun así
se siente pura y se estrella
contra el muro de niebla espesa,
que parecía hormigón, cemento,
pero acabó siendo sólo papel
gris y blanco, y si lo pintas, 
la sensación se vuelve sueño
y el sueño se vuelve risa.
Y la risa se vuelve amor, 
y el amor se vuelve artista.


Y es por eso por lo que pintamos
para seguir sintiéndonos extraños.
Para no pertenecer a esta fiesta, 
a este escenario, a esta vida.
Para seguir siendo los que sueñan
que no todo esta acabado. 
Que estamos de paso pero 
alerta, despacio, observando.
Sintiendo el paso del sol,
notando la luna llena.
Mirando a las estrellas
y a las nubes.
Amando el mar y la nieve,
la bruma y los ojos de aquellos
a los que amamos con ternura.
Es por eso por lo que pintamos,
para seguir viviendo esta locura.

jueves, 11 de octubre de 2012

Bedtime



La cama deshecha, 
nadie abrió las cortinas. 
Almohadas como piedras: 
la canción de cuna 
era la asesina. 
No esperaba a nadie, 
era una cama vacía. 

No tenía, por no tener, 
ni los muelles boca arriba. 
Hundida en el medio, 
los pies siempre sobresalían. 
Tenía ese olor a almizcle, 
esa humedad que sabía 
a pasado siempre presente, 
a futuro que prometía. 

No invitaba ya nada 
a tumbarse encima; 
ni por el aspecto desvencijado 
ni por haber dado cabida 
a tantas batallas de cuerpos, 
a tantas siestas perdidas, 
a tantos insomnios perennes, 
a tantas promesas podridas. 

Alguien dictó sentencia 
un caluroso día; 
la bajaron entre cuatro, 
en el ascensor no cabía. 
Y antes de partir 
al cielo de las camas, 
pasó varias noches dormida 
en el sombrío purgatorio 
de aquella gris avenida. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

Verdaderos Pecados







Amanece, que no es poco, 
mis labios rozando tu paz. 
Se nos abren los ojos 
buscándose sin oscuridad. 
Es el aquí y el ahora; 
por la ventana, la ciudad. 

El cielo que nos mira 
es el mismo de hace seis días. 
Se retuerce y gime, llora, 
una pataleta de última hora. 
Está irritado porque se asoma 
y no le gusta lo que ve. 
Preferiría, 
para variar, 
una humanidad más viva, 
sin números en el papel. 

Nos mantendrá con vida 
si le mostramos con convicción 
que la esperanza no está 
del todo perdida. 
Merecemos una oportunidad 
por tener alguna idea 
de donde se esconden 
el amor, 
la virtud 
y la verdad? 

Somos tres en este juego: 
tú, yo y los demás. 
Por mucho que pidamos 
hágase tu voluntad, 
no puede importar menos 
nuestra triste vanidad. 

Tenemos la posibilidad, 
también tenemos miedo. 
Pero es nuestro el deber 
concedida la posibilidad. 
Hay que asesinarse primero 
y volver a renacer. 
Sacar toda la basura, 
ordenar, 
limpiar 
y recoger. 

No se mata por casualidad 
a la escurridiza mentira: 
hay que mirarla a los ojos 
y mostrarle la realidad. 

Correr el tremendo riesgo 
de buscarse de verdad. 
Obligar al pasado 
a arrodillarse y suplicar. 
Escupir en el suelo, 
hacer en la mesa con fuerza 
la mano cerrada sonar, 
y exigir, no sin luchar, 
que sin quererlo todo 
queremos todo lo demás. 

Que fácil no hay nada 
pero nada hay que temer. 
Por mucho que oigamos rumores 
el verdadero pecado 
está en dejar de creer. 

sábado, 25 de agosto de 2012

Última Llamada




Un vaso de cristal esmerilado, 
al fondo una pared color cielo.  
El líquido parece ámbar 
mientras se deshace el hielo.
Un cigarrillo a medias 
descansa en el cenicero 
como vigilando los cadáveres 
de sus pobres compañeros. 
Agonizantes, 
parecen estar diciendo:
"que el calor guíe 
tus sudorosos dedos 
por el laberinto de los números 
que perforan el teléfono". 

Un suspiro primero:
seis siete nueve, 
cinco cinco cero, 
ocho tres siete. 

No es hasta el tercer tono 
que se oye una voz candente. 
Pasan un par de segundos, 
la respiración se detiene. 
La primera palabra carraspea, 
lengua seca patinando. 
Una pregunta, un nombre. 
Una respuesta vestida de largo. 
Una aséptica cadencia, 
elegante, inofensiva, indiferente, 
pero sobria y seria al tacto. 
Una petición algo atrevida, 
una risa que desprecia. 
Una negativa fugaz 
moja todo de tristeza. 
Una sola frase impía 
deja como resaca 
un ligero dolor de cabeza. 

Cae el auricular, 
al otro lado una verja. 
Las lágrimas secas 
están fuera de lugar. 

Sentada, 
al borde de la cama, 
descifrando la alfombra. 
Un sorbo de aquel vaso, 
la esperanza derrotada. 
No hay humillación, 
ni curiosidad, ni venganza, 
ni odio, ni sinrazón:   
de eso no queda nada.

Queriendo todavía vivir 
pero sabiéndose en el fondo 
eternamente cansada, 
 un impulso irrefrenable
la arrastra a la ventana. 
Y diciendo adiós al mundo 
la gravedad es desafiada. 

martes, 21 de agosto de 2012

Almirante, 15







Había sangre, 
por todas partes. 
Mi estómago pegado  
al asfalto ya caliente
del portal numero quince 
de la calle Almirante. 

Un minuto antes 
frases interesantes
cruzaban mi mente 
vestidas de etiqueta, 
con aires elegantes. 

Había en el ambiente
un aire inquietante. 
 No se movía nada ni nadie, 
ni por detrás ni por delante, 
excepto la estela dejada
al pasar yo, el caminante, 
o los coches sombríos 
con sus luces delirantes. 

Fue al girar la esquina 
con el paso renqueante. 
Un brillo en la noche, 
un escalofrío amenazante: 
era el caprichoso destino  
que había venido a buscarme. 

Sucede todo en un instante:
un pinchazo en el estómago, 
las estrellas se hacen grandes. 
Costillas contra el suelo, 
unos ojos centelleantes. 
Alguien me palpa los bolsillos, 
oigo chillar mis llaves, 
tintineando en el aire. 
Cruza mi cabeza el miedo, 
tengo en la lengua el sabor 
metálico de mi sangre. 

No es un asesino conocido, 
no se parece al hambre. 
Es la ironía de este mundo 
atacando como un enjambre. 

Se aleja corriendo, subiendo, 
como botín mi último aliento. 
Siento como poco a poco 
me llega el desfallecimiento. 
Unas lineas rojas huyendo 
formando rombos perfectos, 
inundando el empedrado 
con todo lo que llevo dentro. 

Noche cerrada. 
Es once de enero
de mil novecientos doce. 
Me apena tener que marcharme   
pero empiezo a quedarme dormido. 
Y lo sé,
esta vez seguro, 
no voy a despertarme. 


martes, 10 de julio de 2012

Un Instante Antes





De no pensar nada 
pasé a pensar en todo. 
De ese todo, 
más de la mitad era paja. 
De esa paja, 
más de dos tercios era falso. 
De lo falso, 
casi tres cuartos era verdadero. 

De la verdad 
sólo me puedo fiar si tengo dudas. 
Pero la duda no tiene madre,
ni padre, 
sólo hijos e hijas. 
No obtuve respuestas 
de conversar con ellos.  
Sus palabras sólo me llevaron 
 a otro mar de preguntas. 
Esta vez, 
en vez de navegarlas, 
las maquillé 
para que no parecieran
 tan confusas. 

Y en la confusión
me quedé parado. 
Parándome llegué al centro 
desde donde todo se ve 
con un filtro menos negro. 
Y es desde ahí es desde donde 
las cosas tienen un comienzo. 
Un comienzo desde la nada 
hacia algún sitio incierto. 

Porque hoy, 
lo que de verdad tiene importancia, 
no es llegar a buen puerto, 
si no la certeza de que si me amas 
es eso con lo que soñaré 
justo un instante antes 
de saber que estoy muerto. 




domingo, 8 de julio de 2012

Escenas Costumbristas





El dolor de cabeza, 
el dolor de los demás.
La curiosidad del momento, 
no querer saborear 
el placer del descontento. 
La paz sin responsabilidad, 
los escrúpulos al final. 
Una comparativa vital: 
yo soy yo, 
y tú, 
querido amigo, 
tú no vales más. 

Huracán bi-direccional, 
ver la muerte desde atrás. 
La culpa debe ser de otro, 
yo no pude hacer más. 
Relámpagos por la espalda 
matando sin preguntar 
que es aquello que hicimos, 
por qué nos salió tan mal. 
Costumbres populares, 
dar amor con condiciones, 
confundir la amistad 
con intereses comunes hoy 
porque mañana dios dirá. 

Mantener la estadística, 
besar por inercia, 
plastificar caricias, 
sexo de usar y tirar. 
El talento de fingir, 
pretender por dinero, 
misterios de la vida, 
un brindis por el miedo. 

Buscar resquicios 
en inseguridades ajenas. 
Sacar de quicio, 
hurgar en las penas. 

El recurso del consuelo 
de optar a medalla 
en la olimpiada diaria 
de juzgar sin pensar 
con la mente cansada, 
del no querer saber, 
y de lo que es peor, 
del no importar nada.