sábado, 26 de octubre de 2013

Si Después De



Si después de subir
a lo alto de la colina
cambiaste la perspectiva
para disfrutar de la vista
y tras la inevitable caída,
siempre sin querer,
te encerraste
en la comodidad
pues la bajada
te dio vértigo
por no saber qué hacer,
entonces hay vida
en ese cuerpo 
en el que dibuja arrugas 
un artista llamado tiempo.

Si después de ver
la oscuridad que se cierne
sobre los mortales
y que desaparece
antes del amanecer
tienes curiosidad
por ir más allá
y estás dispuesto
a arriesgar
lo que tienes
por saber más,
entonces eres persona, 
hay curiosidad 
recién nacida 
en tu espíritu,
en tus sueños, 
en tu identidad. 

Si después de golpearte 
con la suficiente intensidad, 
hacerte daño, 
ver tu sangre
manchar el suelo,
las paredes
y el cielo,
rompes tus convicciones
con la sinceridad
del que no tiene,
de verdad,
nada que perder
y las construyes de nuevo,
entonces hay en tu interior 
un profeta 
vestido de humildad 
luchando por salir 
de la oscuridad.

Pero si después
de viajar al infierno
te quedaste
con ganas de firmar 
el libro de visitas,
hacerte fotos con el diablo, 
disfrutar de los fuegos
y bañarte en lava ardiendo
porque has perdido
el miedo al sufrimiento,
entonces de tu dios
eres tú el templo.

jueves, 16 de mayo de 2013

Alma y Vino




Noche oscura. 
De nubes grises 
estaba el cielo vacío
buscando el olvido. 
Estando solo en casa, 
con una copa de vino, 
me hice una pregunta, 
de esas sin sentido 
que a veces me hago 
para saber si sigo vivo.

Surgió de la nada. 
Es despedazada 
la frágil calma 
por una tormenta 
desencadenada: 
"¿Es que no tienes alma?"

En voz alta, 
con la voz grave 
del que sabe 
que no habrá réplica
ni duda razonable. 
Que la clave 
está en abrir los sentidos, 
sin malentendidos, 
pues aunque hable solo 
no hay nadie aquí conmigo.

"Escucha atentamente, 
amigo mío,
abre tu corazón cohibido 
y te diré algo sobre el alma,
algo que nunca has oído." 

"No por sentir que estoy vivo 
tengo derecho a nada, 
a nada que no haya sufrido." 

"No por haber nacido 
es mi alma un regalo 
gratuitamente recibido." 

"A ella he de renunciar, 
pues si me he creído 
que la mía es la buena
más vale pegarme un tiro." 

"Mi alma es,
y no puede ser, 
algo que me han dicho
que hay que tener. 
Conocimiento relativo, 
pues no hay lecciones 
si mis emociones 
no las han producido." 

"Es ella una farsa,
una ilusión que va conmigo.
De la mano me ha cogido, 
a mi piel se ha cosido. 
Nada de lo que haga 
podrá deshilacharla 
de mi rutinario destino." 

"He de abandonarla, 
sin remilgos. 
Deshacerme de ella, 
darle vacaciones,
sin poemas
ni canciones."

"Hasta que no esté seguro, 
sinceramente convencido  
de que de ella 
me he desprendido, 
hasta que no llore 
por haberla perdido, 
nunca podré 
comenzar el camino. 
He de despertar, 
he estado dormido, 
llevo toda una vida  
soñando con el ombligo." 

"No es tan sencillo. 
He de ser testigo
de mi propia lección, 
en mi propio desengaño 
llegar hasta el hastío. 
Buscar la verdad 
entre el gentío 
hasta que por mi mismo
la haya aprendido."

"Nadie tiene la solución, 
ni la correcta ni la opuesta, 
pero para ganar algo  
he de subir la apuesta. 
No me importa adonde voy, 
la búsqueda es la respuesta. 
No tengo ninguna prisa, 
pues sumar rápido sólo resta. 
Tal vez llegue en otra vida 
si al final no llego en ésta." 


lunes, 6 de mayo de 2013

Éramos Seis






Éramos seis,
de seis quedamos cinco.
El que se fue,
antes de irse,
dejó un vacío
en un rincón,
las ganas
en un cajón
y bien cortado
el limón.

Así que teníamos
ganas de hablar,
tabaco,
varios mecheros
que al final de la noche
cambiaron de dueño,
cinco vasos,
hielo,
rodajas de limón,
refresco de cola
y ron. 

En el escenario 
verdades como puños,
mentiras como encinas.
Saltos al pasado
pasando por encima
de recuerdos,
ideas,
principios
y las ramas caídas 
del árbol de la vida,
de las que no brota savia,
sólo pegajosa resina.
Sus hojas en movimiento 
mecidas por el viento 
del desconocimiento 
en señal de duelo.
En su atrevimiento, 
erguidas, 
huyen del suelo.

Hablar por hablar.
Ideas gastadas,
repetidas 
hasta el hastío, 
se hicieron fuertes 
en el neocórtex 
tomando como rehenes 
a los sueños, 
la imaginación, 
la creatividad 
y la opinión. 

Avanzando
por la ciénaga
de la corrección,
las expectativas,
la educación,
los imposibles
y la razón
toca al final
decidir
si voy o no
a hacer leña 
de los brazos caídos
a manos 
de la desesperación. 

Ninguno de nosotros 
salió a salvo, 
vivo, 
ni sobrio 
del licor 
de alta graduación
obtenido
de la fermentación
de las palabras agrias
de aquella conversación. 





jueves, 28 de marzo de 2013

Secretismos Sobre los Secretos




Todo empieza en deseo, 
el deseo cristaliza en carbón. 
Carbón negro 
para camuflarse, 
para ser discreto, 
y alentado por ser invisible 
poco a poco va convirtiéndose 
en un embrión secreto. 

El secreto se oculta 
bajo sábanas limpias, 
sin llamar la atención 
de los curiosos que, 
por casualidad, 
consigan pasar del edredón. 

Allí crece, 
se hace fuerte, 
hace las veces 
de confidente. 
Se le visita, 
periódicamente, 
para que no se sienta 
del todo solo. 
Para quitarle, 
de cuando en cuando, 
el sudor de la frente; 
hacerle sentir importante 
por su condición de estar 
siempre presente. 

Cuidarle, 
acariciarle,
aunque levemente,
porque él sabe 
que ante ojos extraños 
parecerá indecente. 

Cuanto más crece, 
más difícil es que pase 
por la grieta de la verdad. 
Se paga el peaje de la mentira 
para salir a la brillante luz 
que irradia la realidad. 

Un día rompe el capullo 
tejido con la seda 
de palabras dormidas, 
bellas en la forma, 
en el significado esquivas. 
Tras ellas quedan 
las evidentes brasas 
que la traición aviva. 

Y si el que abre el celofán 
no tiene los pies en buen lugar, 
el secreto se convierte en veneno, 
arrasando todo a su paso, 
explosivo y mortal. 

Entre esas dos almas 
ya nunca crecerá la hierba 
segada por el metal 
de la guadaña de la verdad, 
refulgente y brillante, 
para matar a la honestidad 
y a toda su familia: 
a la confianza, 
al amor 
y a la sinceridad. 

Pero aún así, 
en todas y cada una 
de las mentes de esta ciudad, 
los secretos crecen como setas 
tras la lluvia primaveral. 

Así que no nos extrañemos 
si oímos las bombas explotar 
acercándose a nuestro búnker, 
a toda prueba de intrusos, 
pero imposible de ocultar. 




Barros y Lodos




Éramos sólo unos críos 
cuando del agua de lluvia 
y de la arcilla 
y de la arena 
hacíamos barro, 
para jugar, 
para chapotear en los charcos, 
sin miedo a ensuciarnos. 
Sin miedo, 
porque por no saber 
no sabíamos ni que algún día 
nos querríamos limpiar. 

Tiempo después, 
ya bien educados y predispuestos 
a estar bien limpitos, 
unas gotas de lodo 
en el bajo del pantalón 
provocan hasta 
un ridículo pavor. 

Y me preguntas que qué me pasa, 
si tan sólo con salir de casa, 
con mirar por la ventana, 
la polución que pudre 
el alma y el más allá 
tapa con creces 
las cosas bellas, 
las ilusiones sinceras 
y el brillo de las estrellas. 
Mezquindades cotidianas, 
sacos de caspa para exportar. 
Humanos esforzándose en superar 
su propia mediocridad. 
Los talentos son olvidados, 
las ideas de usar y tirar 
ocupan su triste lugar. 

El proceso es tan mecánico 
que asusta pensar 
que quizá esté todo planeado, 
de antemano: 
alguien leyó el manual 
de como más abajo caer 
y lo está siguiendo al dedillo 
por un par de monedas de plata, 
un precio irrisorio 
por vender a toda la humanidad. 

Cuántos casos críticos, 
atropellos gratuitos? 
Cuántos vacíos dejados atrás, 
silencios por hablar? 
Cuántas decisiones tomadas 
sin pensar en los demás? 
Cuánto dolor causado 
porque en los que confiamos 
para guiar nuestros pasos 
viven en un constante miedo 
a perder sus míseras vidas, 
vidas de mentira, 
de tirar a la basura 
que empieza ya a oler mal? 

Entran ganas de bajar a las cloacas 
y entre cocodrilos albinos 
y residuos orgánicos 
meter las manos en el lodo 
y rebuscar los anillos caídos 
al intentar asegurar el presente 
hipotecando el futuro: 
otra estupidez más. 

Cuántas personas dispuestas a bucear 
en las profundidades del barro? 
Es que no queda nadie con valor 
para seguir tirando del carro, 
para cambiar nuestro destino 
aún al tremendo riesgo 
de que lo tilden de raro? 

Me duelen los dedos 
de tanto contar 
personas al mando 
pensando con el falo. 

Y me duelen los ojos 
de tanto mirar 
para otro lado...


martes, 26 de marzo de 2013

Callejón






No eran lágrimas las que recorrían sus largos cabellos y desembocaban en su barbilla, sino gotas de  fría lluvia, que ahora arreciaba sin disimulo alguno. Levantó la cabeza y dejó que el agua mojara sus labios, sus pómulos, su nariz, su barba de tres días. A sus pies, un hilillo de color rojizo oscuro, casi negro, corría en dirección a la alcantarilla con bastante prisa. Alargó su brazo derecho y miró el revólver que casi colgaba de sus dedos entumecidos. Tres balas. En cuclillas como estaba, entre dos contenedores de basura por los que los desperdicios rebosaban de esa manera despreocupada que sólo los muertos entienden, instintivamente palpó el bolsillo de su gabardina aún sabiendo que no encontraría nada. Tan sólo un paquete de tabaco. Sacó un cigarrillo y lo encendió con un mechero decorado con un negro ocho en un círculo blanco. Ocho balas me harían falta, pensó. Diablos. Qué curiosa manera de comunicarse tenía el destino, a través de un encendedor, como si la propia vida que se abría paso en cada calada supiera que su fin se acercaba y, a la vez, albergaba algún tipo de ansiedad por acabar con todo aquel asunto lo antes posible. Se irguió sacudiéndose el agua del pelo en un movimiento rápido, medido, cien mil veces practicado con anterioridad. Miró en dirección a la entrada del aquel oscuro y húmedo callejón. Decidido, apretó los dedos en la empuñadura  metálica de su 38 y comenzó a andar hacia la luz tenue que iluminaba la entrada de aquella callejuela. No había dado ni diez pasos cuando le dieron el alto tres individuos. Su aspecto era normal, ropas sencillas, zapatos baratos. Pero lo que llamaba la atención no eran sus atuendos, sus uniformes de normalidad. Lo que hizo que a aquel empapado tipo enfundado en una gabardina le temblaran ligeramente las piernas era que aquellos tres hombres iban armados hasta los dientes. Armas enormes, rifles de caza, semiautomáticas. Y le estaban apuntando. Uno de ellos, el que tenía más aspecto de anodino con sus pantalones de pana de un beige insultante, le disparó en la rodilla antes de que pudiera siquiera articular palabra. Nuestro hombre cayó de rodillas, apoyándose en las manos, aún sin soltar el revólver. Otro gatillo hizo click y el impacto de bala en el hombro derecho hizo saltar un trozo de gabardina hecha jirones y, a la vez, le hizo caer de espaldas salpicando en un charco. Esta vez sí, su pistola resbaló por el suelo un par de metros, lejos de su alcance. Otros cinco hombres llegaron a la carrera. Uno de ellos se le acercó, empuñando un cuchillo de carnicero. Se sentó sobre sus talones justo a la altura de la cabeza de aquel hombre malherido. Le miró fijamente a los ojos. -Mírame -le dijo. Con la dificultad de alguien que sabe que se está muriendo, entreabrió los ojos, sin ningún miedo ya, dispuesto a aceptar lo que fuera que el destino le guardaba en la recámara de la vida. -Te lo advertimos - le dijo -el apoyamanos del ascensor no es un cenicero. Ya te lo advertimos. No es nada personal, sabías que esto iba a pasar. Como presidente de la comunidad de vecinos te lo advertí personalmente. Y no hiciste caso, amigo. Es hora de morir-. Y sin darle ningún tiempo a responder, le cercenó el cuello con un giro rápido y limpio de muñeca.  

viernes, 1 de febrero de 2013

Dónde Estábamos?





No me digáis que 
no se veía venir: 
llevamos generaciones 
haciendo oídos sordos 
ante el cataclismo 
que acaba de llegar. 
Décadas fraguándose, 
delante de nuestras narices, 
mientras nos daban hostias 
arrodillados en el altar. 

Dónde estábamos todos 
mientras se hacían experimentos,
 políticos, 
lejos, 
allá en ultramar, 
dónde nada veíamos, 
dónde no oíamos a la gente gritar? 

Qué estábamos haciendo 
mientras robaban al pueblo 
los impuestos, 
las tierras, 
la capacidad de decidir, 
la libertad? 

Dónde teníamos la cabeza 
cuando vendíamos armas 
a tribus “salvajes”  
para revolverlas en guerras,
entre ellos mismos, 
y así distraídos 
la riqueza de sus países 
pudiéramos saquear 
con total impunidad? 

Petróleo, algodón, seda, 
café, soja, tungsteno, 
minerales rarísimos 
para la pantalla del teléfono. 
Medicinas probadas en niños 
que no pueden, 
(no pueden!!!!), 
ni siquiera protestar 
para que cuando las tomemos nosotros 
sepamos a ciencia cierta 
que funcionan más o menos, 
que no nos van a matar. 

Trabajos esclavos, 
aquí, allí y allá, 
pobres gentes haciendo de todo, 
de sol a sol, 
con la única esperanza 
de que mañana se van a levantar. 
En serio pensabas que 
una camiseta por dos euros 
es un precio justo de verdad? 

Destrucción de la vida en la tierra, 
talando selvas enteras, 
llevando especies a su extinción 
y a otras al borde ya. 
La vida humana no vale nada, 
eso sí, lejos de nuestro portal, 
sin darnos cuenta de que, 
a la hora de negociar, 
el precio es a la baja 
y en algún momento al final 
tampoco la nuestra valdrá nada: 
principio de economía 
de sociedad global. 

Hemos estado robando, 
como país, como sociedad, 
a los más débiles, 
haciendo la vista gorda. 
Eso, a nosotros, 
no nos sucederá jamás. 
Pues lo siento, 
no es verdad, 
siento decir que el experimento 
les ha salido genial. 
Tan bien que ahora 
han decidido 
que ya es hora 
de con nosotros probar. 

Hemos sido compinches 
del poder establecido 
a cambio de las migajas, 
de una fingida seguridad. 

Y ahora lloramos, 
maldecimos, 
hacemos aguas. 
Nos ha llegado la hora a nosotros 
y hemos consentido tanto 
que cómo los señores de arriba 
van a pensar 
que merecemos algo la pena, 
que somos de fiar, 
si hemos traicionado 
a nuestra propia especie 
por tener sobre la mesa hoy el pan. 

Lloriquear ahora ya no vale, 
las lágrimas están de mas. 
Les hemos permitido todo 
sin rechistar. 
Y tampoco vale el decir que no sabíamos, 
que nos han vuelto a engañar. 
Que nosotros no hemos hecho nada, 
tan solo la mirada apartar. 
La verdad es única, 
la culpa no es de los demás: 
somos totalmente responsables 
de lo que está por pasar. 
Sí, queridos compañeros, 
al final del banquete 
resulta que hay que pagar. 

Es triste, 
pero también una oportunidad, 
que sólo nos indignemos 
cuando en nuestras casas 
les veamos entrar 
a robarnos la comodidad. 
Quizá sea ahora el momento, 
el momento de empezar a pensar. 

Es hora de asumir, 
de hacer autocrítica, 
de pedirnos responsabilidades, 
sin miedo, 
y con decisión actuar. 
Somos todos iguales, 
de ahí es de donde hay que empezar. 
No se puede decir más claro, 
pero más alto se puede gritar: 
ya está bien, 
basta ya 
de hacernos los distraídos 
ante la desgracia de los demás 
y darnos cuenta de que, 
o salimos todos de esta vorágine 
de egoísmo y acumulativa ansiedad, 
o desaparecemos como sociedad, 
o, lo que es peor, 
como especie, 
lo cual, 
visto lo visto, 
igual es lo mejor 
que a este planeta, 
enfermo y triste, 
le podría pasar.