martes, 24 de diciembre de 2013

Fechas Señaladas



Fechas señaladas, 
sí,  
por el dedo de la náusea. 
Tradición 
en paños menores 
untada de grasa 
con un pincel 
de cerdas falsas; 
Esa grasa 
que rezuma 
rebosando
fuentes altas 
es la que sobra 
sobre mi mesa 
mientras en otras 
se echa en falta. 

Y celebramos, 
por inercia, 
por indiferencia, 
mirando hacia delante 
con las bridas puestas 
la soga al cuello 
y la razón distante. 
Es imperativo 
ser felices, 
pues la envidia 
de no serlo 
y ver las sonrisas 
de gominola y fieltro 
que van cosidas 
a las conciencias del resto 
nos convierte 
en poco menos 
que parias sociales, 
enemigos de lo nuestro. 

Luces que brillan, 
hordas por las calles. 
El frío no apaga 
los deseos clandestinos 
de que todo acabe 
cuanto antes 
pues la mentira 
es tan grande 
que si durase 
una semana más 
habría que pensar 
en suicidarse. 

Precioso, 
entrañable. 
Son los mejores deseos 
expectativas mortales 
y se brinda 
por la humanidad 
aunque las personas 
se desangren. 
Todo marcha 
sobre ruedas, 
en el horno 
cuecen aves. 
Época de dar las gracias 
de no creernos culpables. 
Y casi cuela, 
casi caemos en trance,
excepto por un detalle: 
nos sudan las manos, 
nos aprieta el traje 
porque en el fondo ésto 
no se lo puede creer nadie. 


lunes, 25 de noviembre de 2013

Re-Unión



Café y confusión 
con tostadas 
para el desayuno: 
fue la noche extraña.
Adormecida el alma, 
sin sueño, 
vibrando en calma. 
La distraigo: 
limpieza de polvo, 
cambio de sábanas, 
salir de compras, 
vaciar el alma. 

Al llegar a casa 
saludan las plantas. 
Ni un ruido dentro, 
hablan solas las ventanas. 
Me siento un momento, 
tomo un poco de distancia 
del cansancio que llevo dentro, 
de la electricidad de las entrañas. 

Bajo el microscopio,
una gota
de mi sangre alterada. 
Hay movimiento, 
plaquetas dinámicas.
Glóbulos rojos distraídos,
blancos en huelga encubierta. 
Neuronas discutiendo 
sin cederse la palabra. 
Un debate inútil 
entre ideas fértiles
y emociones áridas. 

Con aguja e hilo negro 
me inoculo en el torrente 
una ración de pausa, 
una dosis de ya basta. 
Me desmayo un momento, 
las cuencas se quedan blancas.

Recupero el conocimiento, 
estoy sentado en la sala. 
Hay un tipo vestido 
con mi camiseta gris, 
con mis gafas de pasta. 
Sentado enfrente de mí, 
apuntándome su mirada.

Es idéntico a mi, 
excepto por la piel clara. 
Es mi lado sobrio
que acude, 
raudo, 
a mi propia llamada. 

La reunión prevista 
es mirarme a la cara. 
Es decirme con palabras 
lo que siento, 
cómo estoy, 
por qué ruge la mente, 
por qué hay en mi barba, 
de repente,  
tantas blancas canas. 

Es asumir 
que no hay verdades claras. 
No tengo la razón, 
pero tampoco 
está mi mente 
del todo equivocada. 



sábado, 26 de octubre de 2013

Si Después De



Si después de subir
a lo alto de la colina
cambiaste la perspectiva
para disfrutar de la vista
y tras la inevitable caída,
siempre sin querer,
te encerraste
en la comodidad
pues la bajada
te dio vértigo
por no saber qué hacer,
entonces hay vida
en ese cuerpo 
en el que dibuja arrugas 
un artista llamado tiempo.

Si después de ver
la oscuridad que se cierne
sobre los mortales
y que desaparece
antes del amanecer
tienes curiosidad
por ir más allá
y estás dispuesto
a arriesgar
lo que tienes
por saber más,
entonces eres persona, 
hay curiosidad 
recién nacida 
en tu espíritu,
en tus sueños, 
en tu identidad. 

Si después de golpearte 
con la suficiente intensidad, 
hacerte daño, 
ver tu sangre
manchar el suelo,
las paredes
y el cielo,
rompes tus convicciones
con la sinceridad
del que no tiene,
de verdad,
nada que perder
y las construyes de nuevo,
entonces hay en tu interior 
un profeta 
vestido de humildad 
luchando por salir 
de la oscuridad.

Pero si después
de viajar al infierno
te quedaste
con ganas de firmar 
el libro de visitas,
hacerte fotos con el diablo, 
disfrutar de los fuegos
y bañarte en lava ardiendo
porque has perdido
el miedo al sufrimiento,
entonces de tu dios
eres tú el templo.

jueves, 16 de mayo de 2013

Alma y Vino




Noche oscura. 
De nubes grises 
estaba el cielo vacío
buscando el olvido. 
Estando solo en casa, 
con una copa de vino, 
me hice una pregunta, 
de esas sin sentido 
que a veces me hago 
para saber si sigo vivo.

Surgió de la nada. 
Es despedazada 
la frágil calma 
por una tormenta 
desencadenada: 
"¿Es que no tienes alma?"

En voz alta, 
con la voz grave 
del que sabe 
que no habrá réplica
ni duda razonable. 
Que la clave 
está en abrir los sentidos, 
sin malentendidos, 
pues aunque hable solo 
no hay nadie aquí conmigo.

"Escucha atentamente, 
amigo mío,
abre tu corazón cohibido 
y te diré algo sobre el alma,
algo que nunca has oído." 

"No por sentir que estoy vivo 
tengo derecho a nada, 
a nada que no haya sufrido." 

"No por haber nacido 
es mi alma un regalo 
gratuitamente recibido." 

"A ella he de renunciar, 
pues si me he creído 
que la mía es la buena
más vale pegarme un tiro." 

"Mi alma es,
y no puede ser, 
algo que me han dicho
que hay que tener. 
Conocimiento relativo, 
pues no hay lecciones 
si mis emociones 
no las han producido." 

"Es ella una farsa,
una ilusión que va conmigo.
De la mano me ha cogido, 
a mi piel se ha cosido. 
Nada de lo que haga 
podrá deshilacharla 
de mi rutinario destino." 

"He de abandonarla, 
sin remilgos. 
Deshacerme de ella, 
darle vacaciones,
sin poemas
ni canciones."

"Hasta que no esté seguro, 
sinceramente convencido  
de que de ella 
me he desprendido, 
hasta que no llore 
por haberla perdido, 
nunca podré 
comenzar el camino. 
He de despertar, 
he estado dormido, 
llevo toda una vida  
soñando con el ombligo." 

"No es tan sencillo. 
He de ser testigo
de mi propia lección, 
en mi propio desengaño 
llegar hasta el hastío. 
Buscar la verdad 
entre el gentío 
hasta que por mi mismo
la haya aprendido."

"Nadie tiene la solución, 
ni la correcta ni la opuesta, 
pero para ganar algo  
he de subir la apuesta. 
No me importa adonde voy, 
la búsqueda es la respuesta. 
No tengo ninguna prisa, 
pues sumar rápido sólo resta. 
Tal vez llegue en otra vida 
si al final no llego en ésta." 


lunes, 6 de mayo de 2013

Éramos Seis






Éramos seis,
de seis quedamos cinco.
El que se fue,
antes de irse,
dejó un vacío
en un rincón,
las ganas
en un cajón
y bien cortado
el limón.

Así que teníamos
ganas de hablar,
tabaco,
varios mecheros
que al final de la noche
cambiaron de dueño,
cinco vasos,
hielo,
rodajas de limón,
refresco de cola
y ron. 

En el escenario 
verdades como puños,
mentiras como encinas.
Saltos al pasado
pasando por encima
de recuerdos,
ideas,
principios
y las ramas caídas 
del árbol de la vida,
de las que no brota savia,
sólo pegajosa resina.
Sus hojas en movimiento 
mecidas por el viento 
del desconocimiento 
en señal de duelo.
En su atrevimiento, 
erguidas, 
huyen del suelo.

Hablar por hablar.
Ideas gastadas,
repetidas 
hasta el hastío, 
se hicieron fuertes 
en el neocórtex 
tomando como rehenes 
a los sueños, 
la imaginación, 
la creatividad 
y la opinión. 

Avanzando
por la ciénaga
de la corrección,
las expectativas,
la educación,
los imposibles
y la razón
toca al final
decidir
si voy o no
a hacer leña 
de los brazos caídos
a manos 
de la desesperación. 

Ninguno de nosotros 
salió a salvo, 
vivo, 
ni sobrio 
del licor 
de alta graduación
obtenido
de la fermentación
de las palabras agrias
de aquella conversación. 





jueves, 28 de marzo de 2013

Secretismos Sobre los Secretos




Todo empieza en deseo, 
el deseo cristaliza en carbón. 
Carbón negro 
para camuflarse, 
para ser discreto, 
y alentado por ser invisible 
poco a poco va convirtiéndose 
en un embrión secreto. 

El secreto se oculta 
bajo sábanas limpias, 
sin llamar la atención 
de los curiosos que, 
por casualidad, 
consigan pasar del edredón. 

Allí crece, 
se hace fuerte, 
hace las veces 
de confidente. 
Se le visita, 
periódicamente, 
para que no se sienta 
del todo solo. 
Para quitarle, 
de cuando en cuando, 
el sudor de la frente; 
hacerle sentir importante 
por su condición de estar 
siempre presente. 

Cuidarle, 
acariciarle,
aunque levemente,
porque él sabe 
que ante ojos extraños 
parecerá indecente. 

Cuanto más crece, 
más difícil es que pase 
por la grieta de la verdad. 
Se paga el peaje de la mentira 
para salir a la brillante luz 
que irradia la realidad. 

Un día rompe el capullo 
tejido con la seda 
de palabras dormidas, 
bellas en la forma, 
en el significado esquivas. 
Tras ellas quedan 
las evidentes brasas 
que la traición aviva. 

Y si el que abre el celofán 
no tiene los pies en buen lugar, 
el secreto se convierte en veneno, 
arrasando todo a su paso, 
explosivo y mortal. 

Entre esas dos almas 
ya nunca crecerá la hierba 
segada por el metal 
de la guadaña de la verdad, 
refulgente y brillante, 
para matar a la honestidad 
y a toda su familia: 
a la confianza, 
al amor 
y a la sinceridad. 

Pero aún así, 
en todas y cada una 
de las mentes de esta ciudad, 
los secretos crecen como setas 
tras la lluvia primaveral. 

Así que no nos extrañemos 
si oímos las bombas explotar 
acercándose a nuestro búnker, 
a toda prueba de intrusos, 
pero imposible de ocultar. 




Barros y Lodos




Éramos sólo unos críos 
cuando del agua de lluvia 
y de la arcilla 
y de la arena 
hacíamos barro, 
para jugar, 
para chapotear en los charcos, 
sin miedo a ensuciarnos. 
Sin miedo, 
porque por no saber 
no sabíamos ni que algún día 
nos querríamos limpiar. 

Tiempo después, 
ya bien educados y predispuestos 
a estar bien limpitos, 
unas gotas de lodo 
en el bajo del pantalón 
provocan hasta 
un ridículo pavor. 

Y me preguntas que qué me pasa, 
si tan sólo con salir de casa, 
con mirar por la ventana, 
la polución que pudre 
el alma y el más allá 
tapa con creces 
las cosas bellas, 
las ilusiones sinceras 
y el brillo de las estrellas. 
Mezquindades cotidianas, 
sacos de caspa para exportar. 
Humanos esforzándose en superar 
su propia mediocridad. 
Los talentos son olvidados, 
las ideas de usar y tirar 
ocupan su triste lugar. 

El proceso es tan mecánico 
que asusta pensar 
que quizá esté todo planeado, 
de antemano: 
alguien leyó el manual 
de como más abajo caer 
y lo está siguiendo al dedillo 
por un par de monedas de plata, 
un precio irrisorio 
por vender a toda la humanidad. 

Cuántos casos críticos, 
atropellos gratuitos? 
Cuántos vacíos dejados atrás, 
silencios por hablar? 
Cuántas decisiones tomadas 
sin pensar en los demás? 
Cuánto dolor causado 
porque en los que confiamos 
para guiar nuestros pasos 
viven en un constante miedo 
a perder sus míseras vidas, 
vidas de mentira, 
de tirar a la basura 
que empieza ya a oler mal? 

Entran ganas de bajar a las cloacas 
y entre cocodrilos albinos 
y residuos orgánicos 
meter las manos en el lodo 
y rebuscar los anillos caídos 
al intentar asegurar el presente 
hipotecando el futuro: 
otra estupidez más. 

Cuántas personas dispuestas a bucear 
en las profundidades del barro? 
Es que no queda nadie con valor 
para seguir tirando del carro, 
para cambiar nuestro destino 
aún al tremendo riesgo 
de que lo tilden de raro? 

Me duelen los dedos 
de tanto contar 
personas al mando 
pensando con el falo. 

Y me duelen los ojos 
de tanto mirar 
para otro lado...