sábado, 28 de enero de 2012

Conclusiones de Contusiones





Humores cambiantes, 
camisetas de colores, 
pantalones caídos, 
sonrisas permanentes. 
Contraindicado, 
desafiante, vulnerable, 
ajeno a los rumores,
confiado y cortante.

Sin nada mejor que hacer que leer los posos del café,
mira que me avisaron de lo malo que es predecir.
Se tergiversan las ilusiones y se arruga el placer
de quitarle la ropa interior, muy despacio, al porvenir.

Perezoso por naturaleza,
soy más de coger la fruta
que pende de ramas bajas
que de estirarme por alcanzar
las más maduras y rojas.
Tengo miedo a trepar
por un par de veces
que acabé dolorido,
en el suelo contusionado
y con aspecto de ido.

Si lo que se aproxima es implacable,
qué más da que no sea lo que he pedido?
Tal vez tenga que ser más especifico al desear,
tal vez mintieron con alevosía en aquel altar.

Jugué hasta el hastío.
amé, besé y tomé
lo que pensé que era mío
hasta resolver el acertijo:
no era yo el príncipe
ni era mío el castillo;
era la vida riéndose de mí
con las manos en los bolsillos.

A fuego lento inventé una realidad cocinada.
Imaginé a largo plazo un destino de tenue luz
y mezclé los reactivos fuera de temporada:
mi pasado, mis miedos, mis inseguridades y tú.

Y salir de ahí,
correr despavorido,
olvidarme de tus besos
saltando al vacío;
reciclarte con soltura,
hacer de ti un amigo,
saber que la vida es más real
si sigues aquí conmigo.

Nada más bello que la tristeza bien entendida,
nada más triste que la incomprensible belleza.
Nada apena más que no mirar con entereza
a una indeseable y desafiante despedida.

La única fe que me queda
es la de despertarme sin nadie a mi lado 
y saber que la lluvia de ahí fuera
nunca más me va a hacer daño.

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